Hemofobia
Hemofobia: !No puedo ver sangre!
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La hemofobia, hematofobia o miedo a la sangre es una de las fobias que más interés generan, toda vez que son muchas las personas a las que les desagrada ver sangre y, por ende, se plantean si experimentan o no esta fobia.

No obstante, en la medida que la presencia de sangre no suele gustar demasiado a nadie, es preciso dar una definición de hemofobia que permita aclarar qué conductas se asocian con ella y cuáles entrarían dentro de la normalidad.

Este temor irracional puede ocasionar problemas en la vida cotidiana, ya que el hecho de tener una herida o tener que realizarse un análisis de sangre puede suponer un gran problema para la persona que la padece.

Qué es la Hematofobia

Consiste en un temor intenso e irracional ante cualquier hecho que esté relacionado con la sangre (propia o ajena) y que incluya jeringuillas, heridas y hospitales.

A nivel objetivo, la sangre no constituye un peligro real, pero al individuo la exposición a ella le hace sufrir un alto nivel de malestar.

Es importante diferenciar dos ideas:

  1. El rechazo, miedo o el simple hecho de lo desagradable que pueda resultar ver sangre
  2. La incapacitación que pueden sufrir los individuos aquejados de la fobia que nos ocupa ante los cuidados médicos

Así las cosas, evitarán cualquier situación o acto como la visualización de heridas o la realización de analíticas, debido al gran malestar que les produce.

Causas del miedo a la sangre

Las causas que desencadenan la fobia a la sangre no se conocen con exactitud aunque se barajan dos como las más comunes:

  • Por simple aprendizaje de alguien cercano que la padece. Un familiar o un amigo con miedo a la sangre puede ser el origen de una actuación mimética
  • Por la vivencia de alguna situación traumática en relación con la sangre (propia o ajena)

Qué síntomas presenta una fobia cuya base podría ser un mecanismo de supervivencia

Si hay una característica que hace única a la fobia a la sangre es el hecho de que las crisis que produce terminan por desembocar con frecuencia en desmayos, circunstancia que no es frecuente en otro tipo de fobias.

En esta línea, la fobia a la sangre, es el único transtorno fóbico compuesto por dos fases, en lugar de una sola.

  1. Tras el ritmo cardíaco y la entrada en estado de alerta se efectúa una bajada brusca de tensión que puede ocasionar desmayos, al no llegar suficiente oxígeno al cerebro.
  2. De esta manera, la segunda fase de la hemofobia anula los efectos de la primera y llega a hacer que la presión sanguínea descienda en picado.

Así las cosas, los síntomas de la fobia a la sangre tienden a reflejar el funcionamiento difásico de este fenómeno.

Evitar las situaciones que estén en relación con la sangre y la ansiedad anticipatoria ante cualquier circunstancia relacionada con la misma, el incremento de la tasa cardíaca, los mareos, la sudoración y los desmayos son algunos de los síntomas que presentan las personas hematofóbicas.

Aunque los desmayos están relacionados con los ataques de pánico, es cierto que este síntoma no es típico de la mayoría de fobias.

Se  caracteriza a partir de una subida repentina de tensión, de la aparición de niveles extremadamente altos de estrés y del sentimiento de precisar abandonar el lugar, alejándose del estímulo que haya provocado el episodio.

Algunos expertos proponen que la fobia a la sangre quizás esté basada en un mecanismo de supervivencia que a menudo resulta útil.

Al fin y al cabo, el descenso repentino de la presión sanguínea provoca que en aquellos casos en los que tal sustancia brote de heridas propias, termine perdiéndose menos cantidad.

No obstante, esta hipótesis que se basa en la bajada de tensión no deja de ser una mera especulación complicada de comprobar.

Miedo a la sangre

Características de la Hemofobia

De todas formas, lo único constatable es que la característica definitoria principal de la fobia a la sangre es que carece por completo de utilidad.

Aunque la evolución quizás pudiera haber favorecido la difusión de determinados genes que están en relación con la hematofobia, las condiciones de vida del hombre moderno son muy diferentes a las que se daban hace miles de años.

En la actualidad, las vacunas y los análisis de sangre cuentan con una gran importancia y la diaria interactuación entre las personas las expone más a todo tipo de actividades, entre las que se encuentran la visualización de las imágenes reales o ficticias con presencia de sangre.

Por esta razón la fobia a la sangre se convierte en un problema que, en función d su intensidad, puede ser muy incapacitante.

Cómo tratar este extraño problema

Muchas son las personas que se preguntan si se puede curar la fobia a la sangre.

Lo cierto es que es importante buscarle solución a un problema que puede ser de mayor o menor gravedad y que puede presentarse de un modo más o menos molesto pero que en cualquier caso va a llevar consigo problemas que, más allá de ser episodios puntuales, puedan afectar su día a día.

No en vano, experimentar fobia a la sangre supone vivir inconvenientes en relación con la evitación de vacunas y tratamientos médicos, la denegación de ayuda a personas heridas, la evitación de llevar a cabo cuantas tareas conlleven una mínima posibilidad de herirse como cocinar o salir de excursión al monte o incluso la de rechazar la idea de dar a luz en las mujeres.

Por esta razón, es conveniente acudir a especialistas que realicen un diagnóstico que permita plantear un tratamiento.

Desde el modelo cognitivo conductual no solo se aborda el tratamiento a nivel de conducta sino que aparte se sabe de la posición relevante que ocupan los pensamientos anticipatorios o catastróficos en relación con el momento fóbico.

Dado que  la hematofobia se diferencia del resto de las fobias en la presentación de un patrón difásico de activación, su tratamiento es distinto.

Ello es debido a que en la de la fobia a la sangre después de aparecer el estímulo fóbico sucede un incremento de la presión sanguínea y de la tasa cardíaca, a las que sigue una brusca caída posterior de ambos parámetros, susceptible de llevar al estímulo.

El resultado es que mientras que en las demás fobias se busca la disminución de la sintomatología del paciente (mediante la relajación o respiración), en la fobia de la sangre se busca lograr todo lo contrario, es decir, enseñarle a tensionar su musculatura evitando el desvanecimiento para contrarrestar la caída de presión arterial.

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