Aerofobia

Viajar en avión puede convertirse para quienes sufren aerofobia en una pesadilla, que provoca ansiedad, sudoración, mareos, fatiga o taquicardia.

Superarlo es el modo de poder viajar en este medio con tranquilidad y disfrutando de una experiencia de lo más placentera

Este desorden afecta a la capacidad para  aprovechar el avance en el ámbito de la interconexión y la globalización que  permite cruzar el planeta en cuestión de horas o por ejemplo, compatibilizar la vida laboral y familiar en dos países distintos, gracias al transporte aéreo de pasajeros.

A priori, este miedo puede parecer inofensivo. Sin embargo, puede limitar la vida de las personas que lo padecen. Pues dejan de disfrutar viajando por no coger un avión nunca.

Qué es la Aerofobia

La que nos ocupa es un tipo de fobia de carácter específico que aparece cuando el individuo se enfrenta a un viaje en avión.

Según la gravedad del caso, el miedo a volar puede hacer acto de aparición desde el mismo momento de subir al avión hasta varios días antes de llevar a cabo el vuelo previsto e incluso desde que la persona toma conciencia de que de realizar dicho viaje.

El temor se asocia a la idea de un posible accidente aéreo que lleva al sujeto a estar en permanente estado de alerta respecto a las señales indicadoras de que tal desastre se produzca, como las turbulencias, el sonido del motor o el comportamiento de la tripulación.

Lo cierto es que, al identificar la situación como peligrosa, el aerofóbico logra la agudización de los sentidos hasta el punto de que señales que en cualquier otra circunstancia pasarían desapercibidas, van a tender a intensificarse y a percibirse como tal amenaza, aumentando estrepitosamente los niveles de ansiedad.

Cuáles son las causas del miedo a volar

Uno de los factores que suele estar en la raíz de la aerofobia es el hecho de haber vivido algún suceso traumático relacionado con los aviones, que se traduce en haber sentido en la propia piel los efectos de un accidente aéreo, o haber conocido a alguien que hubiera padecido sus consecuencias.

En otras ocasiones, la aerofobia es producto de ciertos rasgos de personalidad que interfieren con la manera en que la situación se gestiona.

Así, aquellas personas con necesidad de controlar acumulan un impresionante nivel de estrés ante circunstancias que no están en absoluto en sus manos, contextos entre los que se halla el vuelo a bordo de un avión.

Asimismo, la propensión general a la ansiedad provoca el pormenorizado análisis de cuanto acontece alrededor hasta dar con muchas claves que podrían interpretarse como indicios de un cercano accidente.

Todo ello hace que los niveles de estrés se disparen, lo cual a su vez llevará a la búsqueda de falsos indicios de peligro.

Qué síntomas presenta un Aerofóbico

A menudo, las emociones toman el control de esta fobia y extienden el temor incluso a aquellos aviones que no vayan a volar, porque no tengan vuelo programado o, por una razón que resulta más curiosa, porque sean simples maquetas de aviones incapaces de alzar el vuelo. Es entonces cuando se habla de una generalización.

Igual que sucede en el resto de tipos de fobias, el temor a volar no está basado en miedos razonables, sino que es básicamente irracional y psicológico.

Esto se traduce en que, a pesar de la toma de conciencia por parte del aerofóbico de que las medidas de seguridad del vuelo son las óptimas, va a seguir sintiendo miedo.

De lo dicho se deduce que aunque la razón asimile por completo que la seguridad del avión está garantizada, las emociones discurren por sus propios derroteros y a veces ejercen una enorme influencia sobre la primera, desvirtuándola y propiciando la aparición de pensamientos que rozan el delirio.

Los síntomas del miedo a volar son similares a los mostrados en otro tipo de fobias como malestar general, náuseas, exceso de sudoración, dolor de cabeza, incremento de la respiración y del ritmo cardíaco, Sequedad en la boca, ansiedad, cansancio o fatiga, mareos, etc…

Miedo a volar

Cómo se supera esta fobia

La primera cuestión es identificar con exactitud el padecimiento, que puede ser una fobia pero también un simple miedo a volar.

Aquellas personas a las que no les agrada en absoluto y hasta les asusta bastante tomar un avión pero aun así lo hacen, sienten un miedo ante el vuelo que mejorará con los consejos que vienen a continuación.

Por el contrario, aquellas otras a las que el miedo a volar les imposibilita subirse a un avión o que llegan a hacerlo pero sufriendo tremendos ataques de pánico, además de seguir los consejos, habrán de buscar ayuda profesional.

  1. Asistencia a cursos especializados en la materia. Con una duración de unos pocos días, existen cursos eficaces para controlar el miedo a volar. Son impartidos por equipos multidisciplinares integrados por psicólogos y técnicos de aviación que explican todos los aspectos técnicos del vuelo.
  2. Exposición imaginaria. En la técnica de la exposición en realidad el sujeto es expuesto primero a situaciones sencillas (como montarse en un avión sin volar) y luego a situaciones que producen más ansiedad (recorrer varios metros sin volar para hacerlo en días siguientes). Es fácil pensar que esta exposición no es factible en la práctica, por lo que el sujeto es expuesto a exposición en imaginación. Esta técnica consiste en recrear la situación del vuelo desde el mismo embarque hasta el aterrizaje.
  3. Uso de las técnicas de relajación. El yoga es una de las técnicas de relajación o meditación más útiles para el tratamiento de este tipo de fobias, gracias a los métodos de respiración que son trabajados en ella.
  4. Petición de asistencia en vuelo si no es posible viajar acompañado. Hasta que la fobia no desaparezca por completo lo ideal es viajar en compañía pero, si no existe esta posibilidad, el sujeto no debe dudar en hablar de su fobia con el personal de vuelo o con su desconocido acompañante de asiento.
  5. Provisión de entretenimientos para el viaje. Libros o dispositivos electrónicos constituyen una excelente forma de distraerse durante el vuelo.
  6. Consideración de tratamiento farmacológico. Una opción nada descartable, habida cuenta de que en el mercado existen muchos fármacos para calmar la ansiedad que pueden tomarse siempre bajo prescripción médica.

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